En este primer post, os quiero explicar una historia magnífica. Es la historia sobre un encuentro interminable. Nada tiene que ver con la obra literaria. Aunque , de algún modo, puedo llegar a sentirme con Bastián. Ese primer encuentro dio lugar a otros muchos encuentros. Un eterno retorno al más puro estilo de Zaratrusta.

Lena Hades, 1997. Zaratrusta y el enano

No tengo claro si fue algo fortuito, producto del azar. Un suceso casual. He pensando tantas veces sobre el destino. Y ¿quién no lo ha hecho? Ese concepto tan humano, producto de nuestra consciencia. Un concepto muy nuestro que Platón utilizó para establecer los nueve destinos del alma y que los naturalistas lo definieron como determinismo haciendo referencia a su naturaleza causal.

Sea fruto del destino o del azar, ¿qué más da? El hecho es que me encuentro haciendo una de las cosas que más disfruto. Me encanta. ¿De qué se trata? Lo iré desvelando a lo largo del recorrido de estas palabras. Sólo un poco de paciencia.

Un tiempo atrás, recibí un mensaje. El remitente era desconocido para mí. Ese mensaje desembocó en una cadena de sucesos que me conducen a estar escribiendo estas palabras. La vida, ¿no?

Lo había imaginado. Lo había soñado. Algo así, por el estilo. Quería fomentar la conversación. Reservar un espacio de tiempo para charlar. Así, honraría el noble arte del diálogo, si tal concepto existe. Tras ese concepto, aparece todo un mundo del cual deberíamos nutrirnos. Tras ese mundo, podríamos regresar a lo que nos define. A nuestra esencia. Actualmente, pertenecemos a una sociedad que reclama inmediatez y celeridad. El sistema nos empuja a ser pragmáticos y resolutivos. Y ¿dónde queda la oportunidad para la reflexión conjunta? Yo apuesto por fabricar más conversaciones que construyan pensamiento.

Un buen día, conocí a Eduard, periodista y excelente persona. Lo conocí por un motivo meramente profesional. ¡Menuda voz! Pero, ¿dónde están los límites de cada relación? Normalmente, son auto-imposiciones.

Durante esa primera charla con Eduard, compartí una idea con él. Llevaba bastante tiempo meditándola. Tenía suficientemente claro lo que quería llevar a cabo. Lo que deseaba construir. Así, como también tenía presentes las excusas para no hacerlo. Es bastante común lo de tener una idea cualquiera y nunca terminar por desarrollarla. La mayoría de ideas se quedan en el camino. No sé en qué lugar, pero estoy seguro que hay algo parecido a un cementerio de ideas.

Pero todo cambió. La idea superó todas las situaciones críticas a las que una idea debe enfrentarse. Es decir, la falta de tiempo, la oportunidad, la procrastinación, la ilusión, la motivación, etc. La ayuda de Eduard fue inestimable. Eduard me ayudó a dar el paso definitivo. El que más cuesta. Lo digo por experiencia. Prácticamente, fue como James Dean en Rebelde sin causa. Una locura.

Rebelde sin causa, 1955

Y es que si algo he aprendido en los últimos años es que la autonomía es importante pero es insuficiente. No podemos negar lo evidente. Somos una especie que necesita de la colaboración. Estamos condenados a entendernos. A convivir con los demás. A ayudarnos los unos a los otros. Esa es una de nuestras realidades.

Así pues, ambos creamos un espacio donde las ideas fluyen. Es un espacio libre porque no contiene cortapisas. La energía se concentra para que todos los que ocupamos ese espacio podamos hablar y escuchar con libertad. Parecido a lo que ocurre en Welton.

Puedo asegurar frente a quien sea, que ese espacio está lleno de magia. Está lleno de misterio. También de curiosidad. No sé muy bien de qué se trata. Al mismo tiempo, confieso que se concibe como un espacio intangible. No es algo físico que podamos ubicar. No está en ningún sitio en concreto y está en todas partes. Sólo hace falta tener la voluntad de sentirlo. Con todo, sabemos que los mejores rincones no son tangibles, sino que son los que atesoramos en nuestra consciencia, en nuestro recuerdo, o para los más románticos, en nuestro corazón.

De esta manera, nació Sapere Aude, humanistas sin complejos. La vida está llena de paradojas. El nombre del proyecto es un buen ejemplo. Pues, el nombre está compuesto de dos partes que se integran a la perfección. Como si la perfección existiera. Así, Sapere Aude es una locución latina que aprendí de unos apuntes sobre el mundo clásico. Creo que estaba estudiando la Grecia Antigua. Fascinante. La expresión, concretamente, significa «atrévete a aprender». La frase fue acuñada por Horacio, aunque la rescató Immanuel Kant. Éste terminó popularizándola.

Cuando leí la expresión latina, me la hice mía de inmediato. El robo de ideas propuesto por Austin Kleon es uno de los principios que llevo aplicando desde hace mucho tiempo. Guardo aquello que me llama la atención sin saber muy bien si le daré uso en un futuro. Normalmente, todas las cosas suelen devenir en reliquias del pasado. Sin embargo, hay algunas que reaparecen cuando más las necesitas. Sapere Aude reapareció. Pero ¿por qué me gusta tanto? Primero, porque tiene ese punto nostálgico que muchas veces puede conmigo. También porque reúne dos conceptos que definen bastante bien lo que he pretendido estos últimos años. «Atreverse» y «aprender» son pilares para mí yo actual. Siempre me acompañan allá donde me desplazo. “¿Qué placeres, pues, de banquetes o de juegos o de prostitutas son comparables con estos placeres?”, se preguntaba Cicerón. Así, él afirmaba que envejecía aprendiendo y que, ciertamente, ningún placer puede ser mayor que este del alma.

No obstante, no siempre fue así. El atrevimiento es algo que se entrena. No nacemos valientes. No deviene de tal forma. El único modo de desarrollarlo es muy simple: empezar a atreverse. No hay mejor fórmula. No me gustaría entrar en discursos de carácter paternalista. No es el objetivo de estas palabras. Creedme. Sin embargo, quiero resaltar una cuestión que creo que ha sido importante para mí.

Atreverse en fundamental para autoconocerse. Hay que atreverse a pensar. Atreverse a decir. Atreverse a hacer. Atreverse a escuchar. También a sentir. Y, por último, a aprender. Pero, no se trata de un aprendizaje relativo a la adquisición de un conocimiento meramente material. Eso sólo es la capa visible de todo lo que uno puede descubrir. Se trata de un aprendizaje consciente e individual. De uno mismo. Lo sé, es un lío de palabras. ¡Disculpad! Sócrates, destacaba que la felicidad, si tal cosa existiese, pasa por la autorealización y el autoconocimiento. De ahí, que todos debamos atrevernos y perfilar nuestros propios límites, si los hubiera.

Después, tenemos la expresión «humanistas sin complejos». Esta aportación fue a propuesta de Eduard. Me pareció brillante des del principio. Teníamos que integrarla con la locución latina. Reunía modernidad y tradición. Al mismo tiempo, se complementaban porque las dos animan a dejar atrás los miedos que todos solemos autoimponernos. Además, refleja cuál es nuestro enfoque. Es decir, no sabemos nada y seguiremos sin saber. A pesar del podcast, seguiremos siendo unos ignorantes. De eso se trata. De no perder la curiosidad por seguir aprendiendo. Podemos seguir abriendo puertas desde la inocencia. Pero, queremos disfrutar del camino y no nos avergonzamos de ello. Me recuerda a un programa que me gusta mucho: Ilustres Ignorantes.

Personalmente, este camino no tiene ningún fin en concreto. ¿Estoy seguro? Del todo. Simplemente, lo percibo como una travesía, como tantas otras, que me permite disfrutar de aquello que más me gusta y que nunca antes había tenido la valentía de aceptarlo. Propondría regresar al mundo que nos presenta Woody Allen en La rosa púrpura del Cairo. En plena depresión americana, la protagonista encuentra un refugio en el cine. Cecilia escapa de la realidad para llegar a protagonizar un encuentro de película. Así, el podcast podría ser un espacio parecido pero bastante más diverso.

Me gusta conversar, me gusta hablar, me gusta aprender. Me gusta reflexionar. Me gusta pensar. También comunicar. Y, por último pero no menos importante, me gusta escribir. Y claro, si puedo relacionar todas estas cosas con un contenido que me atrae y me fascina, ya tengo la receta perfecta. Soy consciente que soy un ignorante. Que me queda mucho por aprender. Que no logro hacer bien ninguna de las anteriores cosas. Pero, no me importa. Pues, es una cuestión de atreverse. Es una cuestión de seguir explorando. Si este proyecto tiene algún sentido es ese.

Con todo, me gustaría contar con algo de compañía. Yo lo disfrutaré igualmente pero siempre es más divertido si lo que uno hace lo comparte con los demás. Esta es una forma de seguir compartiendo. No sólo quiero compartir los distintos episodios del podcast sino que mediante este blog, publicaré mis reflexiones sobre lo que se comente en las conversaciones. También escribiré sobre temas que suelo estudiar por mi cuenta. Espero compartirlo con aquellos que sientan un poco de curiosidad por lo que estamos haciendo.

Estaré escribiendo y charlando hasta que sienta que todo esto tiene un sentido. Un sentido, al menos, para mí. Eso es lo que más me preocupa. Que este proyecto, como otros proyectos en los que estoy inmerso, me llenen y me aporten chispas de valor.

No es la primera experiencia compartiendo contenido. Por suerte, lo he intentado varias veces. Actualmente, tengo mi página web personal inactiva. Estoy meditando qué hacer con ella. Posiblemente, este blog acabe traspasando se la futura página web. Ya lo veremos. Todas las veces que he compartido contenido tuvieron su momento exacto. Pues, me sirvieron para convertirme en lo que soy hoy. Ese es el auténtico éxito. No mido el resultado de mis iniciativas por la repercusión de pudieran tener, los seguidores o el retorno económico. Claro, esos son factores a tener en cuenta. No me voy a engañar. No obstante, la vida, sea lo que sea, no va de eso. Va de un mismo. Uno mismo con los demás. Va de unos con otros. Va de parar un instante y sentir que hay algo que estás haciendo bien. Y da igual que se esté haciendo. Da lo mismo. Porque ese es un aspecto muy personal.

Así, con el proyecto del podcast, pretendemos charlar con personas. Sí, con personas. Queremos tratar temas de diversa índole desde un enfoque humanista. Intentaremos estar a la altura de ese enfoque. Queremos conversar por el mero placer de conversar. Queremos aprender por el mero placer de aprender. Estoy seguro que será un camino que incluirá momentos extraordinarios a pesar de los errores que podamos cometer.

También, mi vocación es escribir y compartirlo. Ya lo he comentado antes. Trataré los temas que comentemos en el podcast. Tengo el mejor material posible. No quiero desaprovechar esta oportunidad para recuperar mis libretas para escribir y compartirlo con las demás personas.

Yo estoy convencido de cooperar con la realidad y hacer de ésta un destino más dulce.

Alexis Piquer

Alexis Piquer

Abogado y humanista en formación