La secularización en Occidente es un hecho contrastado. Especialmente, en Europa. No obstante, esta crisis global ha vuelto a generar inquietudes, dudas y preguntas en torno a la muerte y su significado.

El ser humano suele preguntarse por el porqué de las cosas durante los tiempos de crisis. En un momento como el actual, es lógico que las personas se cuestionen sobre su origen, su esencia, su destino, etc. En cambio, lo mismo no sucede cuando el momento es favorable. De alguna manera, damos por hecho que las piezas encajen.

¿Por qué no reflexionamos de igual manera cuando las cosas nos van bien? ¿Por qué son los momentos de crisis cuando anhelamos algunas respuestas?

Las religiones tienen un rol importante en tiempos de crisis. Las religiones intentan dar respuesta a las inquietudes del ser humano. Lo hacen desde distintos puntos de vista pero con un objetivo común: la necesidad de ofrecer un mensaje.

El mensaje puede orientarse hacia la idea del «castigo divino». Así, la divinidad castiga al ser humano por el estilo de vida que está promoviendo. Por otro lado, hay quien argumenta que se trata de la «Madre Tierra» que reclama un cuidado enviando una señal.

El mensaje promulgado por las distintas instituciones religiosas puede contradecirse con lo que se expresa desde el poder político. Así, por ejemplo, algunos gobiernos apostaron por el confinamiento como forma de derrotar al virus. Los países obligaron a las personas a permanecer en sus casas. Sin embargo, ese mensaje dista bastante del promovido por algunas religiones. Pues, tratándose de un «castigo divino», se presupone la sumisión y la aceptación de las consecuencias.

Además, el mensaje religioso puede unificarse con el político. En el podcast comentamos el caso particular de Brasil y su presidente, Jair Bolsonaro. El mensaje político del presidente contuvo fuertes vinculaciones religiosas. Así, logró posicionarse como un mensajero reconocido mientras unificaba las distintas formas de creer de la población. Con todo, las personas pueden sentir que pertenecen a un grupo más grande con un mismo líder.

La proyección del mensaje religioso reside en la capacidad de tener un único interlocutor. Un intermediario entre la divinidad y las personas. Así, por ejemplo, el catolicismo tiene en el Papa una figura relevante por encima de los demás. El Papa supone un comunicador único frente a todos los fieles. El mensaje del Papa actúa como guía para la Iglesia. Por otro lado, existen religiones que no cuentan con una figura análoga. Tal característica dificulta la recepción del mensaje entre los diferentes grupos.

El Papa Francisco cuenta con una capacidad comunicativa abrumadora. Su retórica trasciende fronteras porque el mensaje no sólo se dirige a los fieles sino que es un mensaje global. El Papa cuenta con el apoyo de una estructura institucional que recibe pocas injerencias externas. Por ello, pudimos contemplar imágenes tan potentes como las misas en plena Plaza de San Pedro.

Paris comentó que la capacidad comunicativa del Papa Francisco no servirá para conseguir aumentar el número de fieles. El trabajo de la Iglesia es a largo plazo y la creencia personal no se construye de hoy para mañana. La fe se construye con tiempo, reflexión y sentimiento de comunidad. No obstante, el Papa Francisco puede ser visto como un líder por todo el mundo. Ese es el objetivo actual del catolicismo. El objetivo más realista.

Ciertamente, hay gente que está necesitada de respuesta. Gente que no está afiliado a un credo determinado pero que frente a la situación actual busca ayuda y respuesta en la religión. Sin embargo, el proceso de conversión no es reactivo sino que se requiere de un tiempo de meditación y reflexión. Podría decirse que se necesita algo más que un flechazo y que se requiere un proceso largo de enamoramiento.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la cuestión religiosa debe realizarse en un ámbito privado. Actualmente, hay gente que disfruta de la religión como una cuestión muy íntima. No obstante, hay personas que quieren experimentarla en comunidad. En este sentido, Paris comenta que no estamos acostumbrados a compartir en público nuestras ideas y sentimientos religiosos. La sociedad nos constriñe al ámbito privado. Con todo, esta reserva no se produce sólo en torno a las cuestiones religiosas sino en una pluralidad de facetas o aspectos como la política, la sentimental, etc.

¿No deberíamos poder expresar con libertad cualquier tipo de creencia? ¿No son las creencias las que definen nuestra identidad? ¿Nuestro ser?

La persecución del sentimiento de comunidad suele acentuarse en la religiones que son minoría en un territorio concreto. En el podcast comentamos la situación particular de la religión musulmana en nuestro país. Paris explicaba lo que ha supuesto la crisis del virus para esta comunidad. Dice que se han suspendido todas las peregrinaciones previstas. También las ceremonias grupales en un momento trascendental para los musulmanes, como es la época del ramadán. Por todo ello, las personas tienen que adaptarse y seguir profesando su fe desde la unidad familiar y desde su intimidad.

En las conversaciones que mantenemos con nuestros invitados me gusta aprovechar la oportunidad para preguntar sobre conceptos generales. Sin embargo, la generalidad no implica ambigüedad. Todo lo contrario. Lo que pretendo es entender las bases del pensamiento de lo que charlamos y de lo que piensa el invitado.

Así, le pregunté a Paris sobre la religión. ¿Qué es la religión? Él, como buen académico, nos ofreció una respuesta de manual. Nos dijo que religión proviene de la palabra latina «religare», que significa volver a ligar lo humano con lo divino. Es decir, volver a unir mediante un vínculo. Con todo, cada religión a lo largo de la historía ha fomentado este vínculo de distintas maneras.

Por otro lado, Paris comentó lo que se entiende por fe. En este apartado se comentaron aspectos que me parecen interesantes y determinantes para entender e interpretar la conversación al completo. Así, Paris comentó que la fe es una experiencia. No obstante, fue claro y directo al manifestar que no debemos interpretar la experiencia religiosa como una experiencia actual. Pues, la palabra experiencia ha absorbido una significado potsmoderno que nada tiene que ver.

Las experiencias del siglo XXI son las que deben consumirse. Ahora, absolutamente todo es una experiencia desde una perspectiva del consumo. Cualquier faceta de nuestra vida debe convertirse a experiencia. Pero esta interpretación no sirve para la religión y para el ejercicio de la fe. Pues, Paris dice que la experiencia religiosa es la que no se consume, sino que se trata de una experiencias que se vive. Se vive con mayúsculas. Y eso es lo más importante.

La fe es un fenómeno experiencial consigo mismo y en relación con la divinidad correspondiente. La fe promueve la transformación de uno mismo aunque, en muchas ocaciones, el individuo esté acompañado de una comunidad. Sin embargo, a pesar del aspecto comunitario (muy importante), el individuo es quien vive esa experiencia en primera persona porque se trata de una experiencia directa, personal, profunda e íntima con la divinidad.

Le planteé a Paris una duda que tenía y que creo que es interesante discernir. Pues, estamos comentando la relevancia del fenómeno religioso. También las trascendencia del mismo en el origen de las diferentes religiones. Pues, ¿es la experiencia religiosa intrínseca al ser humano?

¿Es algo con lo que se nace? ¿Pertenece a algún rasgo biológico particular? ¿Es más bien algo cultural? ¿Qué pensáis?

Antes de compartir lo que se charló con París, me gustaría destacar que entiendo que si fuese un hecho cultural no deja de ser algo humano. Pues, no hay nada más humano que la cultura. Pues, la cultura son aquellas tradiciones, costumbres y experiencias que se transmiten de una generación a otra y que definen al ser humano en particular, y en comunidad. Al ser humano como especie.

Según Paris, el ser humano tiene la necesidad de trascenderse. Por lo tanto, la experiencia religiosa es intrínseca al ser humano. Hay una necesidad de saciar una sed de salir de uno mismo. Paris comentó que el ser humano necesitar rellenar ese espacio o faceta trascendental.

Sin embargo, se comentó que no todo el mundo copa esa necesidad de igual manera. También que la religión o el hecho religioso en sí mismo, no es el único modo de saciar la ambición de trascender. Así, por ejemplo, Paris comentaba el caso de la política y de la gente que se involucra en ella. Pues, la política ofrece la posibilidad de unirte a algo más grande que tu mismo. Es algo que te trasciende y con capacidad de transcender.

Por consiguiente, creo que quedó clara nuestra necesidad de pertenecer a algo más grande que nosotros. Se compartieron más ejemplos como el deporte y sus seguidores. También pensé en la cultura empresarial o de ecosistema. Pues, en el mundo empresarial se crean lobbies de interés que además de proteger unos intereses particulares, también ofrece la posibilidad a sus miembros de pertenecer a una comunidad más grande.

París resaltó la idea de que necesitamos creer en una idea superior, elevada que nos conduzca a una vida mejor, más plena. Con todo, cuando el ser humano sacia esa necesidad de trascender con fenómenos que nada tienen que ver con la religión y se aproximan más a la idea de experiencia postmoderna que comentábamos antes, no está tomando el camino correcto. Pues, esa forma particular de saciarse tiene que ver más con la falta de autoestima y la propia realización personal y profesional que con algo profundo, íntimo y experiencial que ofrece la experiencia religiosa.

Después, le comenté algo que aprendí estudiando una asignatura de la carrera de humanidades. La idea que compartí es que la capacidad de trascender hacia algo superior convino una mejor adaptación al medio y supuso un elemento de supervivencia para el ser humano. Entonces, la fe en algo superior no podría ser más humano.

Entonces, ¿por qué aparecen las creencias o el pensamiento religioso en un momento determinado de la evolución biológica?

La religión podría haber sido una adaptación biológica tan positiva para los homínidos –quizá de una manera mucho más clara en el caso del Homo sapiens– como la desaparición del estro o el desarrollo del bipedismo. Hoy sabemos que nuestro cuerpo, en determinadas situaciones, es capaz de fabricar endorfinas, unas moléculas con propiedades similares a los opiáceos que generan un estado de bienestar y placer en el individuo. Precisamente, uno de los contextos donde se producen muchas endorfinas es cuando pensamos y meditamos; consiguientemente, en los ritos iniciáticos y chamánicos de la Prehistoria, los magos y chamanes –tal como observamos en el registro etnográfico– hacían entrar a los individuos en un estado de transición, felicidad, falta de dolor, etc. (las endorfinas internas actúan como la morfina que se administra de manera externa). — Josep Cervelló, Jordi Nadal.

En definitiva, ya sea en grupo o individualmente, el pensamiento religioso puede volverse, gracias al hecho de pensar en momentos de bienestar, en una manera de aislarse de las dificultades diarias y de hacer frente al mundo con optimismo.

Con todo, Paris comentó algo que conviene resaltar en este post. La experiencia religiosa, como experiencia personal y profunda, puede ser algo intrínseco al ser humano. De hecho, según lo que se comentó, podríamos atestiguar que coincidimos y compartimos esa idea. No obstante, el relato religioso que posee cada religión tiene que ser explicado y compartido. Es un relato necesario pasa saciar la sed de trascendencia.

Frente a este argumento, me preguntaba sobre esa idea de relato que es particular de cada religión. Pues, ya hemos visto que seguramente, todos tenemos algo que nos predispone para pensar en algo invisible a nuestros ojos. Asimismo, seguramente, tenemos la capacidad para conectar con eso que se eleva por encima y que nos trasciende. Claro, hace falta cultivarlo. Sin embargo, ¿cómo casa esa experiencia religiosa con el relato de construye toda religión? ¿Se trata de un relato o de una razonamiento?

La respuesta de Paris fue bastante clara. Dijo que la figura del relato es necesaria para construir comunidad. Eso ocurre en cualquier cambio. No obstante, la fe no es algo etéreo. No es algo que no se pueda llegar a tocar. Por lo tanto, Paris cree que la fe puede ser también razonable. Con todo, se necesita de una predisposición de la persona. Lo comentaba más arriba. Se requiere de una voluntad y de un trabajo. Hay que cultivar estar experiencia religiosa. Paris explica que hay que estar abierto a ello y ser capaz de reconocerlo.

Paris planteó la siguiente pregunta: ¿Puedes reconocer que hay algo más grande que tú?

Su respuesta: Si puedes reconocer eso, puedes empezar a cultivar esa sed de trascender.

A medida que avanzaba nuestra conversación, quería plantear preguntar de perfil más humanista. Por eso me interesaba preguntar a Paris sobre la relación del ser humano con la religión. Se ha escrito mucho pero me interesaba conocer su opinión. Asimismo, le preguntamos por el momento actual. ¿Cómo se llevan el ser humano y la religión en la actualidad? ¿Cuál es el estado de su relación?

La respuesta de Paris fue contundente. Él dijo que la religión es algo inherente al ser humano. Por lo tanto, su relación empezó cuando el ser humano se dio cuenta que era ser humano. ¿Qué opináis? ¿Estáis de acuerdo con esta afirmación?

Paris comentó que el ser humano siempre ha sido capaz de relacionarse con las distintas divinidades y con relación a su entorno. Esa característica es la que también le definió como humano. Con todo, el ser humano sería humano por esa capacidad de trascender. ¿Creéis que es así? ¿Fue la adaptación biológica más importante para nuestra especie? ¿Coincidís con el argumento que compartí anteriormente?

En relación al estado actual de esa relación, la respuesta también fue clara. Paris explicó que la relación varía dependiendo de donde pongamos el foco. Así, la relación entre ser humano y religión es muy relativa. Hay lugares, especialmente donde la situación es más crítica, que la religión tiene más presencia en la sociedad.

¿Dónde hay más necesidad de un Dios? Allí donde uno está más solo y castigado. Cuanto más castigado está el ser humano, más necesidad tiene de trascenderse y de encontrar ayuda en algo superior. ¿Por qué? Porque los iguales a él le matan o le hacen la vida imposible. Por ello, la persona alza su vista en busca de algo superior que le ofrezca la ayuda o las explicaciones para entender y justificar todo lo malo que ocurre en su vida.

Además, Paris comenta algo muy interesante relacionado con lo anterior. El ser humano es capaz de desarrollar una vida en horizontal. Una vida sin perspectiva. Una vida que se limita a vivir. Eso con todo lo que conlleva. Sin embargo, las crisis alteran la consciencia de los individuos. Es ahí cuando las personas necesitan vivir en vertical. En este sentido, Paris comenta, que nuestra sociedad, en general, lleva mucho tiempo viviendo en horizontal. Pues, tenemos y disfrutamos de una vida sin demasiadas convulsiones. Incluso, nos llegamos a preguntar para qué servían las humanidades y la filosofía en los colegios. ¿Para qué si todo funciona y va bien? Pues ese tipo de estudios no suelen ser productivos para una sociedad enfocada en la economía. Entonces, nos quedamos en ese plano horizontal incapaces de ser verticales.

Con todo, Paris nos recomendó que nos interesáramos en las distintas comunidades religiosas. Algunas muy minoritarias. Pero que el conocimiento de estas realidades puede enriquecernos como personas. Pues, seremos capaces de entender el porqué de nuestra relación actual con la religión. Veremos como hemos perdido el fervor por las mismas porque no nos hemos encontrado en crisis. Al mismo tiempo, detectaremos como las comunidades más desfavorecidas se ven abocadas a ello por la posición que ocupan en el mundo y en la sociedad.

Con ello, seamos conscientes de que el ser humano tiene la necesidad de trascenderse. Paris nos invita a trascendernos. Nos invita a plasmar la relación con la divinidad de la forma que nosotros queramos. Él dice que tenemos que ser conscientes de ello y que tenemos que pensar sobre ello. Porque des del momento que no somos conscientes de ello, no sabemos dónde estamos, manifiesta.

Respecto a lo anterior, le pregunté a Paris sobre el rol de las humanidades y la filosofía. ¿Por qué no han podido copar el espacio entre las personas y la necesidad de trascender? ¿Puede la filosofía saciar la sed que comentábamos?

Paris argumenta que la filosofía no tiene la función de saciar la necesidad de trascender. Para Paris las humanidades deben procurarse para saciar el intelecto. No obstante, reconoce que las humanidades pueden ayudar al ser humano a trascender a través del pensamiento. Así, las humanidades promueven el pensamiento. Pensar. La filosofía ha aportado cuestiones de gran valor al campo de la fe. Pero no es su principal cometido.

En cambio, la fe persigue la finalidad de transcender a través de la divinidad. No, a través del pensamiento sino a través de la relación con la divinidad. Con todo, eso no significa que la fe no ayude a la reflexión y a la tarea de pensar. Todo lo contrario. Debería servir de ayuda, pero ese no es su principal fin.

La filosofía y la religión son compatibles y son necesarias. Porque ambas ayudan a entender al ser humano. Las dos nos ayudan a no olvidar que es lo importante.

Alexis Piquer

Alexis Piquer

Abogado y humanista en formación