Este post deriva directamente de una charla que mantuvimos con Agustín Fuentes, profesor de antropología en Estados Unidos. Fue la segunda charla que grabamos para el podcast, Sapere Aude, humanistas sin complejos. Ya hace algo más de dos meses que tuvimos la oportunidad de conocer la visión antropológica de la crisis del coronavirus y de las consecuencias de la pandemia.

La antropología es ciencia que estudia el comportamiento humano desde una perspectiva muy amplia. En efecto, no sólo abraza a todas las culturas sino que también recoge toda la historia que nos precede. Por lo tanto, abarca un campo muy amplio.

Agustín Fuentes destacó en varias ocasiones, que el ser humano es un animal social. Somos seres que tienen interacciones sociales a diario. Es algo normal y cotidiano para nosotros. Además, la interacción social es necesaria para nuestro bienestar físico y mental. Agustín comentó que la vida social puede perjudicar gravemente nuestra salud. Por consiguiente, nosotros debemos reflexionar sobre cómo replantearemos nuestra faceta social durante la crisis del coronavirus porque la pandemia permanecerá en nuestras vidas durante un buen tiempo.

Yo me pregunto lo siguiente: ¿hemos reflexionado lo suficiente? ¿Nos hemos replanteado un cambio sustancial?

Pues, creo que lo hemos hecho a medias. Y si me tuviera que decantar, diría que no hemos cambiado lo suficiente. La conversación con Agustín fue en pleno confinamiento. Por lo tanto, lo que hablamos no eran más que especulaciones e hipótesis de lo que podría ocurrir. Ahora ya estamos en la llamada nueva normalidad. Es decir, no estamos confinados en nuestras casas y hemos podido recuperar nuestra vida social.

Lo que he visto tras la charla con Agustín, es que, efectivamente, somos seres sociales. No hay ninguna duda. Sólo hay que ver las ganas que teníamos todos de volver a las calles y encontrarnos con nuestras familias y amigos. También, he constatado que no estamos preparados para ese cambio en nuestras interacciones sociales. Al menos, para un cambio radical en este preciso instante.

El contacto entre personas no entiende de culturas y hábitos porque engloba a la mayoría, a todo el mundo. A saber, todas las culturas tienen el contacto social como un aspecto fundamental para su desarrollo. A pesar de las diferencias en las costumbres, existen una serie de dinámicas que aplican a todas las culturas, tanto a las más cercanas como a las más remotas.

No obstante, nosotros somos parte de una cultura bastante común, la cultura latina que abarca gran parte de la cuenca que forma el Mar Mediterráneo. Es una cultura que destaca por sus dinámicas sociales. Muy profundas, intensas y arraigadas en el seno de la sociedad. Somos seres táctiles que necesitamos el contacto social, el contacto con otras personas.

Frente a este escenario, Agustín apostaba por un cambio cultural. Es decir, por la introducción de nuevas formas de saludo. Sólo es un ejemplo. Nos invitaba a reflexionar sobre el miedo que sentimos al estar en contacto con la gente. Ciertamente, el miedo se ha ido difuminando. No es el mismo que se percibía dos meses atrás. Pero sigue estando, especialmente en la gente más vulnerable. Con todo, reconocía que no sabía lo que iba a ocurrir. No tenía ningún pronóstico claro. Pues, tendremos que estar atentos a cómo evoluciona la pandemia y cómo evolucionan nuestras interacciones sociales.

Yo creo, sinceramente, que el miedo, en algunas personas, se ha ido diluyendo. Puede que los jóvenes, generalizando, no se tomen en serio la gravedad de esta pandemia. Es como si no fuera con ellos. En cambio, las personas que se saben grupo de riesgo están tomando mayores medidas de prevención y de disminución del riesgo. El peligro está ahí y es prácticamente insalvable. Lo que tenemos que hacer, entre todos, es tratar de disminuir el riesgo. Yo creo que se trata de exactamente esto.

El funcionamiento del cuerpo humano está entrelazado con las interacciones sociales. Existe una especie de relación simbiótica que determina nuestra fisiología. Por consiguiente, el distanciamiento y el aislamiento pueden derivar en angustia, estrés u otras, y causar graves problemas mentales y físicos. Este es un punto que Agustín repitió con cierta frecuencia. No debemos olvidarnos.

Me pregunté sí el contacto digital supone un paliativo o, por el contrario, es un agente potenciador de ese estrés y ansiedad. Por un lado, internet y las distintas aplicaciones nos permiten conectar con quien queramos, cuando queramos. Eso es una maravilla. Fabuloso. Pero, me temo que podríamos considerarlo como un sucedáneo, como una trampa. Es decir, internet puede ofrecernos una falsa sensación de que estamos socializando. Sin embargo, nuestro cuerpo, en su totalidad, no recibe esta interacción como la auténtica, como la real. ¿Tú qué crees? ¿Crees que la tecnología nos acerca o nos aleja?

Zizek dice que “las manos no pueden acercarse a la otra persona; sólo desde el interior podemos acercarnos unos a otros, y la ventana hacia el interior son nuestros ojos”. Asimismo, comenta que “la distancia corporal incluso refuerce la intensidad de nuestro vínculo con los demás”.

Respecto a Internet, Agustín dice que, hoy en día, tenemos un mundo donde la vida social no se limita a las personas que tenemos cerca. Ahora, tenemos la capacidad de conectar con otras a través de los móviles, las redes sociales, etc. Éstas, para Agustín, son herramientas muy útiles que tenemos que usar, especialmente ahora, para conservar nuestras relaciones sociales. Con todo, confirma que no es lo mismo que el contacto físico y presencial pero que pueden funcionar como sustitutivo o complemento mientras sufrimos esta crisis.

Estoy de acuerdo con lo que comentaba Agustín. Aunque creo que no hace falta una prescripción por parte de nadie. Internet y la conectividad digital ya forman parte de nuestras vidas. Todos tenemos un smartphone que nos permite conectar con otras personas. Todos tenemos nuestro perfil en alguna red social. Tal vez, no en todas, pero casi seguro que tenemos presencia en alguna. Los que priman el interés profesional estarán en Linkedin. Los que buscan información y algo más de seriedad tendrán Twitter. Lo más creativos y cotillas usarán Instagram. Y todos tenemos Facebook aunque ya no lo usamos. Pero lo tenemos. Como no hace daño a nadie… Aunque, en honor a la verdad, actualmente, el objeto y función de las redes sociales está bastante prostituido. Uno ya no sabe distinguir para qué debe utilizar Linkedin o Tinder. Eso está sucediendo. Y eso me decepciona. ¡Qué falta de coherencia!

Con todo, yo tengo una duda y la quiero compartir contigo. ¿Se nos ha ido de las manos? ¿No debería ser algo complementario a nuestra vida física?

El otro día hablaba con un amigo y cliente danés. Éste me explicaba lo que sucede en su país con la gente joven, especialmente con los adolescentes. Me decía que la presencia digital es de carácter obligatorio. Tener un perfil digital bien trabajado es incuestionable. Decía que si un adolescente no tiene un perfil en Instagram, no existe. Yo me sorprendí y le dije que estaba seguro que exageraba. Él me dijo que para nada. Que es así, tal cual lo estoy explicando. Podría ser un «comunico, luego existo».

¿No te parece que deberíamos educar en el uso de estas herramientas? O, ¿es una preocupación de abuelo cebolleta? ¿Qué pensáis?

Antes, explicaba en qué consistía la antropología. Agustín argumentaba que consiste en el estudio de los seres humanos. El estudio del comportamiento de éstos y las relaciones con los primates. En particular, Agustín, está enfocado en el estudio de las relaciones de los seres humanos en la actualidad en comparación con nuestros ancestros del pasado. Con todo, lo que Agustín persigue es el entendimiento de la evolución de nuestros sistemas biológicos junto a nuestros sistemas sociales.

Yo tuve la oportunidad de estudiar antropología social y cultural como asignatura de primer año. También, antropología de la religión como asignatura de segundo año. Las disfruté muchísimo y fueron todo un descubrimiento. Creo que es una disciplina maravillosa que puede ayudarnos a entendernos mejor a nosotros mismos. Puedo realizar una serie de recomendaciones literarias a continuación:

  1. Para raros nosotros, de Paul Bohannan.
  2. Antropología cultural, de Marvin Harris
  3. El antropólogo inocente, de Nigel Barley
  4. La chispa creativa, de Agustín Fuentes

Tengo algunos libros más que podría compartir si estáis interesados. De todas formas, para gente que tan sólo quiera una aproximación y no quiera aburrirse recomiendo la historia de Nigel Barley. Es un libro muy entretenido con tono divulgativo y que acerca la figura del antropólogo. Para complementar, creo que el libro de Agustín es una versión más técnica y profunda del famoso libro de Yuval Noah Harari, Sapiens. Los dos primeros son para un estudio más profundo y de lectura más tediosa. Por último, Marvin Harris tiene algunos libros más ligeros en su obra. Os animo a investigar.

En relación a lo anterior, le pregunté a Agustín sobre las estructuras de pensamiento que promueve el estudio antropológico. En este sentido, puedo exponer mi caso personal. Yo, como os he dicho, estudié dos asignaturas de antropología. Me encantaron. Pero no recuerdo todo el contenido. Es normal. Se olvida porque no se utiliza. Lo que sí que recuerdo son los principios básicos del pensamiento antropológico. Que es parte de lo que comentamos en el podcast con Jesús Hernán, cuando hablábamos del pensamiento humanístico. Comentábamos que lo más importante es desarrollar un pensamiento crítico y establecer unas bases en nuestra forma de pensar.

Agustín comentó lo siguiente, que me gustaría compartir con vosotros. La percepción personal desde la que vemos y analizamos las cosas es fundamental para entender lo que comentaba antes. Agustín dice que nosotros vemos las cosas con un filtro de nuestra propia experiencia y cultura. En consecuencia, es muy importante el análisis de las cosas, de las cuestiones sin la discriminación que instalan nuestras propias lentes hacia lo que hacen los demás de forma distinta.

Por último, Agustín compartió una reflexión que me encantó, y que me recuerda mucho al título del manual de Bohannan que compartí más arriba: “Hay varias maneras de ser humano con éxito”.

La tarea principal del antropólogo es desarrollar la etnografía. Para los que estéis interesados vuelvo a recomendar el libro del “Antropólogo inocente”. Esa tarea consiste en realizar un trabajo de campo. Es decir, el trabajo consiste en salir y pasar tiempo con un grupo de personas de una cultura determinada para entender desde un punto de vista como viven esas personas. Ese punto de vista, en antropología, se denomina emic etic. Por ello, el antropólogo dedica la mayor parte de su tiempo a la observación y a la contemplación, mientras toma apuntes y notas de lo que ve y observa.

Ya hemos comentado en este podcast la esencialidad de tomar tiempo para observar, escuchar y reflexionar sobre las codas en general. Pues, es el único modo de entender el mundo que nos rodea. Al menos, podemos llegar a interpretarlo. Otra cosa es entenderlo. Eso ya es más complicado.

Además, Agustín práctica una antropología centrada en la biología de los seres humanos, que junto con la práctica etnológica y la arqueológica, le ayuda a entender el comportamiento de los seres humanos.

Durante el transcurso de nuestra conversación, Agustín nos invitó a ser un poco antropólogos. No para dedicar tiempo al estudio de la antropología, sino para fomentar la empatía con los demás. Así, la antropología, creo que nos permite conocer otras realidades distintas a la nuestra, que son igualmente válidas y que, por lo tanto, igualmente respetables. Hace falta más sensibilidad hacia lo que piensan los demás para sobrevivir a un mundo muy diverso.

Frente a las consecuencias de la pandemia, Agustín no destaca las consecuencias culturales. Dice que habrá cambios lógicos culturales aunque no tenemos certeza de su extensión y alcance en el tiempo. En cambio, serán (y lo estamos sufriendo) los cambios sociales y económicos los más notorios. En este punto, Agustín fue muy explícito. Dijo que algo debe cambiar para poder llegar a ser una sociedad mejor y preparada para otras crisis de este tipo.

La crisis, por definición, supone un reto para el ser humano. Llevamos millones de años superando retos distintos. Así, la crisis puede devenir una oportunidad para reinventarse.

Agustín vive y trabaja en Estados Unidos. Le preguntamos por la gestión de ese país. Él se mostró muy preocupado porque la sociedad americana tiene otros valores y principios que están alejados de la cooperación y el sentimiento de comunidad tan necesarios en una situación como la actual. Al contrario, es una sociedad respaldada en la individualidad, los privilegios y que no presta atención a los servicios sociales ni al sistema público, que tiene muy poca inversión social. Con todo, pone como ejemplo a Corea y Singapur en su gestión política y cultural.

Leía hace poco a Francesc Torralba. Éste, en su último libro “Vivir en lo esencial” dice que una sociedad está obligada a prestar atención a los más débiles y vulnerable. Concretamente dice: “Una sociedad decente está especialmente atenta a los grupos más vulnerables que habitan en ella”. En el mismo sentido, Agustín Fuentes comentaba que hay culturas que cuidan menos a sus mayores y que por lo tanto, es una cultura más vulnerable. Una sociedad que quiere progresar éticamente tiene que cuidar a los ancianos porque podemos aprender mucho de ellos.

Los seres humanos somos seres preparados para cooperar. Esto es lo que llevamos haciendo desde hace mucho tiempo. Cooperamos. Y esa cooperación puede tener un impacto positivo y negativo. La habilidad de cooperar es básica pero es muy complicado llevarla a cabo de la misma manera que lo hacían nuestros ancestros de hace más de un millón de años que colaboraban para obtener fuego y alimentos. Ahora, estamos en un mundo bastante complicado y eso es más difícil, comenta Agustín.

También, en el podcast con Agustín, reflexionamos sobre la colaboración desde el prisma de aquéllos que no están predispuestos a colaborar. Agustín, comentó que esto es más normal de lo que podríamos imaginar. Además, dice que este simple hecho demuestra que somos seres inteligentes y que esa inteligencia puede usarse de formas distintas y proceder según convenga. Él siempre dice a sus alumnos que en cualquier época hay idiotas y que el poder de ser idiotas es algo común pero, por suerte, no es mayoritario. Hay que centrarse en lo bueno que todos tenemos y prepararnos para ser mejores cada día.

Otro tema que abordamos es el de la creatividad. Es el tema principal del libro de Agustín, La chispa creativa. Agustín dijo una frase que también me marco mucho y que merece la pena subrayarla: “Podemos imaginar lo que no hay en el mundo e intentar crearlo”. Eso es algo impresionante que llevamos miles de años haciéndolo bastante bien. Este es un momento para ser creativos y manipular nuestros sistemas y dinámicas actuales. Tenemos que crear y cambiar aquello que no funciona para imaginar juntos nuevas cosas que puedan cambiar cosas a mejor.

Dentro de nuestra capacidad de imaginar, de crear, nos sentimos mejores que otras especies y otros seres humanos. Tal vez, esa faceta sea la culpable de que seamos seres reactivos frente a los problemas. No somos capaces de afrontar un problema hasta que nos salpica directamente. Hasta que nos impacta de lleno. Agustín, confía que esta crisis sirva para estar más preparados de cara a los retos del futuro.

Alexis Piquer

Alexis Piquer

Abogado y humanista en formación