Siempre tuve un sueño recurrente. Siempre he soñado con volver a ser niño. Porque quería disfrutar del verano y las Navidades como sólo un niño puede hacerlo. En mi sueño, durante unas Navidades recibía un regalo muy especial. Aunque yo no era consciente de ello. Por lo tanto, mi primera reacción fue de desolación. Me sentía traicionado. Yo esperaba otro tipo de regalo.

En el sueño, me regalaban un libro que tenía como protagonista a un niño que viajaba por el mundo y trabajaba con artesanos y artistas de distintas épocas. Aparentemente, era un libro normal. Lo que no sabía es que ese libro tenía propiedades mágicas. Tenía un secreto que nadie conocía.

Estuve mucho tiempo sin prestarle atención. Simplemente, no me apetecía. Podía ser fruto de la decepción. Yo esperaba otro tipo de regalo. No obstante, cuando lo abrí por primera vez, varios meses después de recibirlo, y dieron las doce, por la noche, me transporté a las historias que narraba el libro y yo mismo me convertía en el ayudante de los artesanos que construían grandes templos, las catedrales, los castillos o acompañaba a los pintores mientras realizaban sus mejores obras. Creía que estaba alucinando pero lo que estaba viviendo era del todo real. La magia del libro me impulsaba a épocas remotas y me convertía en el asistente de los grandes artesanos y artistas. Una maravilla, un sueño hecho realidad.

Lo descrito anteriormente, no va a ocurrir. Tampoco ocurrió. Sólo tiene espacio en mis sueños más profundos. Lamentablemente, eso permanecerá en el terreno de lo onírico. Sin embargo, con el podcast, Sapere Aude, humanistas sin complejos, me siento como el niño del sueño. O al menos, siento que estoy muy cerca de esa experiencia. Así, que voy a tratar de no despertar de este sueño. Voy tratar de disfrutarlo.

Mi relación con Jesús Hernán tuvo un inicio meramente profesional. Por cuestiones y avatares de la vida, me presenté en lo que entonces era su oficina. De eso hace algo más de cinco años. Yo estaba en una etapa totalmente distinta a la actual. Era una etapa bastante creativa. Sí. Había empezado a ser valiente, algo que ya comenté en el post anterior. Era autónomo y combinaba mil cosas a la vez. Demasiadas. Con el tiempo me percaté de la importancia de tener cierto foco en lo que uno está haciendo. Es algo que no he terminado de resolver pero creo que he mejorado. Al mismo tiempo, creo que nunca terminaré centrándome en una única cosa porque siempre he sido así y esa es mi naturaleza.

Durante esa época de mi vida estaba trabajando en varios proyectos. Uno de los proyectos era una startup del sector educativo. Yo acababa de aprender lo que eran las startups. Me había leído algunos libros y me sumergí de lleno en ese mundo. Después, afortunadamente, cogí distancia, y aprendí a valorar el concepto y el fenómeno más allá de lo naif del asunto. Pero ese es ya otro tema para otro momento.

Me fascinaba y me sigue fascinando el mundo de la educación. Creo que es base de cualquier sociedad que quiera conocerse sí misma y que quiera prosperar. Entiéndase prosperar desde el sentido más amplio del término y no desde un punto de vista etnocentrista.

Yo quería aportar algo a ese mundo, a este mundo, y creía (todavía lo creo) que la tecnología (no sólo la tecnología) puede implementar una serie de mejoras y resultar en una mejor educación y un mejor aprendizaje. La tecnología debe ser una aliada para un sistema educativo cada vez más mediocre.

Entonces, me presenté con mi proyecto tecnológico. Lo que comentaba en el post anterior. Eso es empezar a atreverse. ¿Por qué? Porque el batacazo que me di fue histórico. A pesar que estuve un tiempo intentando sacarlo adelante, nada pude hacer. Con todo, llegué a tener un primer prototipo de la plataforma. Trabajé algo de contenido y realicé varias encuestas. También me entrevisté con algunos profesores universitarios. Pero el problema radicaba en el propio negocio y la financiación necesaria. No me vi preparado para gestionar esas dos esferas tan importantes. Por ende, el proyecto se hundió como el Titanic. Pero yo me salvé.

Es cierto, no conseguí lanzar el proyecto pero obtuve otras recompensas. Primero, una colaboración con al empresa donde trabajaba Jesús. Después, muchas amistades, entre las que destaca la de Jesús. Con el tiempo, nuestra relación fue más sincera y se ha convertido en alguien muy especial para mí. En un referente en lo personal y en lo profesional. No me cuesta admitirlo.

Hace un tiempo jugábamos partidos de futbol amateur una vez por semana. Tras los partidos, nos íbamos a cenar. En alguna de aquellas cenas, Jesús me orientó para terminar estudiando humanidades. Con todo, yo ya tenía la semilla plantada desde hacía bastante tiempo. Pero dudada y dudaba. No tenía claro qué hacer . Tampoco tenía claro si hacerlo. De nuevo, los miedos e inseguridades que todos atesoramos en nuestro interior. Los miedos que nos impiden avanzar.

Desde siempre me ha gustado el cine, el arte y la historia. Pero ¿por qué centrarme en uno si puedo hacerlos todos? Esa puerta es la que me abrió Jesús. Además, desde el principio vi que esa era la mejor opción porque coincidía con mi naturaleza. Una carrera dispersa para alguien disperso. Aunque, yo diría que es una carrera curiosa para alguien curioso. Suena algo mejor. A saber, con carrera dispersa me quiero referir a una carrera diversa. Pues, sentí que estaba hecha para mí.

Así, que en parte, gracia a Jesús, estoy aquí escribiendo estas líneas. De hecho, si lo analizo bien, estoy aquí gracias a todas las personas con las que me crucé. De todas ellas he aprendido algo. Y de algunas lo sigo haciendo. Estoy seguro de ello. Al respecto, soy consciente de que lo probable es que todo lo aprendido esté en el inconsciente. Sí, esa parte de nuestro cerebro que cobra mayor importancia de la que nuestra parte consciente le otorga. Todo un misterio.

En el primer episodio del podcast tratamos cuestiones generales de las humanidades. Charlamos con Jesús sobre el mundo de las humanidades. Sobre su experiencia. Al mismo tiempo, lo relacionamos con asuntos sobre emprendimiento y tecnología.

Jesús nos explica porqué decidió estudiar humanidades cuando terminó su etapa escolar. Ciertamente, él pretendía seguir estudiando algo que estuviera relacionado con las letras. Todo parecía encaminado a tener que decidirse por los estudios filológicos o literarios. Sin embargo, todo cambió cuando descubrió la existencia de los estudios humanísticos. Lo que le atrajo fue la posibilidad de estudiar desde muchas perspectivas diferentes materias que a él le gustaban. Yo también comparto esa visión.

Es interesante analizar lo que comenta Jesús sobre este tema. Pues, él decidió estudiar una carrera sin tener en cuenta el grado de utilitarismo. Esto ya es algo novedoso. También arriesgado según los estándares habituales. Creo que todos hemos sido víctimas de un sistema que nos impulsa a pensar constantemente en nuestro futuro. Además, es un sistema que proyecta una falsa sensación de seguridad y estabilidad que la propia vida, como vida, no la tiene. Jesús tomó una decisión aparentemente valiente.

Miquel Seguró, al cual admiro, tiene un libro que se titula “La vida también se piensa”. Hemos hablado con él en este podcast y escribiré sobre nuestra charla durante las próximas semanas. La última parte de su libro está dedicada a lo que precisamente estoy comentando. Así pues, en el capítulo “la filosofía no sirve para nada”, Miquel dice que aparentemente la filosofía puede parecer inútil de cara al proceso de adquisición de conocimiento relevante para la vida. Claro, es cierto, que está hablando de la filosofía. No obstante, creo que podemos hacerlo extensivo al caso que nos ocupa, al de las humanidades, en general. Pues, Miquel, cita al concepto de utilidad aduciendo que el propio concepto ya contiene connotaciones filosóficas. Por lo tanto, podemos preguntarnos, en primer lugar, si una cosa en concreto es útil o no lo es. Y, en segundo lugar, qué entendemos por utilidad. Pues, la segunda pregunta puede conducirnos a reformular la primera.

En este sentido, Miquel expone la tesis del utilitarismo nacida en Inglaterra en el siglo XVIII. Dice que este movimiento ético estableció que la utilidad, o el principio de mayor felicidad, mantiene que las acciones son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad. Entonces ¿qué es felicidad? Bueno, por felicidad entienden el placer y la ausencia de dolor. Añade, que el último criterio para decir si algo es útil o no está en la mayor cantidad de felicidad constatable. Así pues, para Stuart Mill, todo lo que no genere resultados palpables se aleja del concepto de utilidad que el pensador promueve. Será un tema, el del utilitarismo que me gustaría desarrollar más adelante en otro podcast. Puede, que el post dedicado a programa con Miquel sea una buena excusa para profundizar en la cuestión.

Tras este breve análisis, regreso a la conversación con Jesús. Éste reconoce que las humanidades son una carrera de fondo de armario porque te acompañan durante toda tu vida. Igualmente, destaca que lo importante de la carrera de humanidades no es el contenido, es decir, lo que es objeto de estudio, sino que el valor añadido consiste en entender cómo funcionan las cosas y cómo conectar conceptos para crear de nuevos.

Este también es un tema interesante. Muy interesante. Cuando reflexiono sobre ello me surgen recuerdos de toda mi etapa académica. Creo que durante la mayor parte de mi carrera estudiantil no he encontrado un sistema que enseñara a pensar. Pero, a pensar de verdad. Todo lo contrario. El sistema educativo está centrado en el contenido. Es un sistema educativo centrado en competencias que en el pasado podían ser útiles, pero no en el presente. Con todo, no quiero decir que el contenido no sea importante. Claro que lo es. Yo dedico mucho tiempo a aprender conceptos nuevos. No obstante, de nada sirve saber mucho de algo, si luego no se reflexiona sobre ello. En este sentido, os explicaré una anécdota. En Sapere Aude tuvimos la oportunidad de charlar con Santiago Posteguillo. Lo hicimos en plena estación de Sants en la época preCovid. Le estuve explicando lo que hacía. Le dije que estaba dedicando bastante tiempo a leer y a la adquisición de contenido. Especialmente, por lo que tengo que estudiar en la propia carrera de humanidades. Entonces, Santiago me preguntó si reflexionaba sobre lo que leía o simplemente leía. Mi respuesta fue contundente.

Después, Jesús comenta otra característica importante de las humanidades que reside en la capacidad de conectar saberes distintos, es decir, contenidos distintos para fomentar un reflexión transversal del comportamiento humano. Creo que ese carácter transversal es el clave para exprimir todo el potencial que tienen los estudios humanísticos. Al mismo tiempo, es lo que suele conllevar un mayor esfuerzo. Requiere tiempo y voluntad.

Le pregunté sobre cierto resurgir de las humanidades. La respuesta de Jesús fue contundente en relación a los estudios humanísticos. Nos explicó su experiencia. Cuando él decidió estudiar humanidades, la carrera universitaria no estaba consolidada. No obstante, hoy ya es una realidad. Con todo, Jesús realiza una matización al hablar del estado de riesgo aparente de las humanidades. No habla de los estudios, sino más del pensamiento humanístico. Entonces, para Jesús, la sociedad no dispone de las herramientas para pensar de manera crítica, que es lo que debería primar por encima del contenido, que comentaba antes. Por consiguiente, Jesús no cree que las humanidades como estudios estén en peligro, sino que lo que sí que podría estar en riesgo de extinción es el pensamiento humanístico.

El poco interés por desarrollar ese pensamiento humanístico conduce al distanciamiento del mismo de la auténtica realidad. Para Jesús, existe cierta marginación hacia las personas que profesan la reflexión dejando de formar parte de la discusión del día a día de la mayoría de las personas. La crítica y la reflexión se aleja y termina por vivir en un mundo paralelo que no es el real. Así, las humanidades acaban siendo una especie de reducto elitista, lo que supone aún más riesgo para el pensamiento humanístico.

La charla con Jesús y Eduard avanza. Por ejemplo, comentamos algo que para mí es vital y que llevo tiempo promoviendo. Hablo de fomentar una visión crítica. Las cuestiones deben pensarse desde distintos puntos de vista. Así, Jesús también lo expresa diciendo que el humanista tiende a buscar diferentes puntos de vista para construir uno nuevo que pueda ayudar a enriquecer a los otros. En este sentido, recurro de nuevo a a unas palabras de Miquel Seguró cuando manifiesta que en el mundo en el que estamos hay un exceso de ideología propia y una falta de sensibilidad por pensar que el otro puede tener razón.

Las humanidades sirven para hacer una sociedad más feliz. Yo diría, que hasta más justa. Esto es lo que responde Jesús. No sin antes, resaltar que las humanidades deberían proporcionar diversión, al mismo tiempo, que fomentan la crítica sobre los asuntos cotidianos. En efecto, Jesús, apela al sentir primario del pensamiento humanístico muy alejado de la propia competición por ir más profundo y saber más con el único fin de aumentar conocimiento por el simple hecho de acumularlo. Para Jesús, esa no es la fuente de donde beben las humanidades. Al contrario, las humanidades deben proporcionar felicidad y tranquilidad. Sosiego. Así, Sócrates ya comentaba que debíamos conocernos a nosotros mismos y que, tal vez, ese fuera nuestro principal cometido.

Jesús dice que las humanidades sirven para poner las cosas en perspectiva. Este simple ejercicio repercute en una mayor serenidad y capacidad de actuación. Por consiguiente, el autoconocimiento nos debería servir para conocer mejor el mundo que nos rodea y actuar en consecuencia. Efectivamente, el mundo no es perfecto. Nosotros no somos perfectos. Con todo, las humanidades pueden ayudarnos a sobrevivir mejor a ese estado de imperfección que nos acompaña.

Después, comentamos la dicotomía que se desprende de la necesidad de cultivar el pensamiento humanístico y la falta de tiempo para hacerlo. Pues, Jesús comenta que la sociedad en la que vivimos nos esclaviza a pensar que tenemos que ser más productivos para subir de escala social. Para él, este es un círculo vicioso en que todos nos vemos inmersos porque nacemos dentro del mismo.

Por lo tanto, la sociedad actual, el sistema, nos aleja de este estadio social en el que todos somos un poco más críticos porque simplemente le dedicamos tiempo a pensar. Así, dice que dedicar tiempo a pensar no requiere de nada más que tener tiempo. Con todo, puede que esto no sea una casualidad.

Uno de mis temas favoritos es el transhumanismo. Así pues, uno de mis libros referencia en este tema es el de Antonio Diéguez de la editorial Herder. El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual que tiene por objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías que mejoren nuestras capacidades humanas, tanto a nivel físico como intelectual.

Entonces, aproveché que Jesús tiene un recorrido en el sector tecnológico para plantearle cuestiones acerca de este tema. Especialmente, me interesa analizar y estudiar el papel del ser humano en un futuro cada vez más tecnológico. Pues, mediante la tecnología veremos capadas algunas de nuestras capacidades más intrínsecas, es decir, capacidades definitorias de nuestro ser y estar en el mundo.

Para Jesús, a priori, la tecnología podría representar una oportunidad. Pues, él cree que la tecnología puede liberarnos de tareas que no aportan valor. Por lo tanto, todos dispondríamos de más tiempo. Por consiguiente, podríamos dedicar más tiempo a otras tareas que aporten más valor. Más tiempo para pensar. Así, la tecnología puede ser facilitadora de una sociedad mejor.

Frente a la respuesta por parte de Jesús, yo insistí en mi pregunta. Quería que reflexionáramos sobre el lugar del ser humano en un mundo cada vez más tecnológico. El rol del ser humano frente a la pérdida de capacidades y responsabilidades tan esenciales como podría ser la reproductiva. Pues, el ser humano podría sentirse incompleto, desorientado al ser despojado de aquello que lo define como ser que le dignifica.

Jesús piensa que, tal vez, el ser humano haya pecado de prepotencia y ego al creerse el centro del universo. Pues, es todo lo contrario. El ser humano es una mota de polvo en la inmensidad del universo. También, destaca que existen estructuras globales de carácter social y natural que toman decisiones por nosotros, o al menos, delimitan nuestro marco de actuación.

Con todo, Jesús sigue contemplándolo como una oportunidad para que podamos concentrarnos en lo que somos. Para que pongamos el foco en lo importante. Es decir, para que tomemos consciencia e nuestro verdadero rol en este mundo. Pues, al fin y al cabo, somos animales con mucha responsabilidad. Nuestros actos tienen mucha más trascendencia de la del resto de especies. Aún así, no somos más que un animal que lo más probable es que algún día deje de existir como especie.

Jesús explica que, actualmente, ya estamos muy lejos de lo que verdaderamente somos. Añade que probablemente el transhumanismo puede provocar un aumento de la distancia entre lo que somos realmente y lo que nos creemos que somos en la actualidad. Una distancia devastadora. Así, Jesús cree que el peligro podría estar en olvidar del todo lo que realmente somos y que no aprovechemos esta oportunidad para reflexionar y volver, en forma de consciencia, a nuestros orígenes evolutivos.

Todo esto me conduce a plantear una de mis máximas. La tecnología necesitará de las humanidades. Éstas resultarán vitales para hacer el camino inverso y llegar a plantear la cuestión humana desde la consciencia de lo que somos y lo que nos define. Así, no debemos valorar la tecnología más de lo que valoramos las humanidades. Se merecen disfrutar de una relación simbiótica.

Alexis Piquer

Alexis Piquer

Abogado y humanista en formación